Por Sandra Martínez
Psicóloga clínica/Neuropsicóloga
Las rutinas saludables en niños neurodivergentes no van de tener una casa perfecta ni horarios milimétricos. Van de algo mucho más sencillo: que el día sea un poco más previsible, con menos peleas y menos sensación de caos para todos.
En muchos peques con TDAH, TEA u otros perfiles de neurodesarrollo, la falta de estructura genera más estrés y desregulación. En este artículo sobre verano y neurodivergencia ya contábamos cómo los cambios bruscos de rutina pueden descolocar muchísimo. Aquí vamos a lo práctico: qué puedes hacer en casa sin volverte loca/o.
Por qué la estructura ayuda (y no tiene que ser perfecta)
Un cerebro neurodivergente suele hacer un esfuerzo extra para organizar la información, anticipar lo que viene y regular las emociones. Cuando cada día es distinto, ese esfuerzo se multiplica.
Una rutina básica aporta:
-
Más sensación de control.
-
Menos sorpresas desagradables.
-
Menos discusiones repetidas (“¡vístete!”, “¡recoge!”, “¡a dormir ya!”).
Si te suena la fatiga al final del día, te puede ayudar enlazar esta lectura con “Fatiga cognitiva en niños: ¿estamos exigiendo demasiado?”. Muchas veces no es “mala conducta”, es cansancio acumulado.
La buena noticia: no necesitas una rutina perfecta, solo algunos puntos fijos.
Mañanas más llevaderas con pequeños pasos
Las mañanas suelen ser el momento con más tensión: prisa, colegio, sueño, ropa, desayuno… y poco margen de error.
Algunas ideas sencillas:
-
Mismo inicio cada día
Una frase o gesto que se repita:“Buenos días, ahora nos levantamos y luego toca desayuno”.
Evita empezar con “date prisa”. -
Secuencia visual y corta
Un panel con dibujos o palabras:
Levantar → baño → vestirse → desayuno → dientes → salir.
No hace falta que esté bonito, solo claro. -
Una instrucción cada vez
En lugar de tres órdenes seguidas, ve paso a paso.“Primero, nos levantamos. Cuando termines, te digo lo siguiente”.
Si las mañanas son especialmente difíciles, revisar el sueño puede ser clave. En “Sueño, microbiota y vuelta a la rutina” encontrarás ideas para que el cuerpo llegue al día un poco más descansado.
Tardes con menos lucha y más regulación
Después del cole, muchos niños llegan saturados. Pedirles deberes, normas y cooperación sin pausa previa es casi una receta para el conflicto.
Te puede ayudar esta mini estructura:
-
Tiempo de “descompresión” al llegar
10–15 minutos de elección libre (juego, moverse, sofá…).
Marca el tiempo con un temporizador visual. -
Algo de movimiento antes de concentrarse
Saltar en un cojín, pelota suave, estirarse, dar un paseo corto.
El cuerpo descarga antes de pedir foco. -
Pocas tareas, muy claras
Mejor: “hoy hacemos esta ficha y leemos este cuento” que “haz los deberes”.
Cuanto más concreta sea la demanda, menos se percibe como montaña enorme.
Si cada tarde acaba en explosión o llanto, puede ser que la combinación de deberes, extraescolares y terapias sea simplemente demasiado. No es fallo de la rutina, es exceso de carga.
Noche: el valor de repetir siempre lo mismo (más o menos)
La rutina de noche no tiene que ser larga, pero sí reconocible. No buscamos solo que “se duerma”, sino que el cerebro entienda que el día se está cerrando.
Ejemplo sencillo:
-
Bajar luz y ruido de la casa.
-
Baño o ducha / lavado de cara y dientes.
-
Actividad tranquila repetida: cuento, música suave, charla corta.
Si se puede, evita pantallas en la última hora o, al menos, reduce intensidad y tiempo. El objetivo es que la noche no empiece con discusiones, sino con una secuencia que el cuerpo ya conoce.
Cómo saber si la rutina está funcionando
No hace falta que el día sea idílico para considerar que vuestra rutina es “saludable”. Puedes fijarte más en la tendencia:
-
¿Hay un poco menos de peleas en los mismos momentos?
-
¿Tu hijo/a parece saber mejor qué viene después?
-
¿Tú terminas el día algo menos agotada/o que antes?
Si la respuesta es “sí, un poco”, vais bien. Si la sensación es justo la contraria, la rutina probablemente sea:
-
Demasiado larga.
-
Poco clara para el niño.
-
Muy dependiente de que tú estés al 100 %.
A veces, el problema no es la rutina, sino que el entorno (especialmente la escuela) no va alineado. En “Qué hace una shadow teacher” hablamos de cómo un apoyo respetuoso en el aula puede marcar la diferencia en el día a día del niño y, por tanto, en sus rutinas.
Por dónde empezar sin agobiarte
Para que todo esto no se convierta en otra fuente de presión, te propongo algo realista:
-
Elige un solo momento del día (mañana, tarde o noche).
-
Define tres pasos básicos para ese momento.
-
Escríbelos o dibújalos y ponlos a la vista.
-
Repite durante unos días, ajustando lo que veas que no encaja.
Las rutinas saludables en niños/as neurodivergentes no son un checklist perfecto. Son una forma de decirle al cerebro: “esto, más o menos, se repite… y aquí estás seguro/a”. Y eso, en muchos casos, ya es un gran cambio para toda la familia. Si necesitas ayuda, pide cita!


